jueves, 4 de junio de 2015

Aprendiz

Aprendiz de todo,
maestro de nada,
la vida pasa...,
y pasa...
al igual que la uva,
si de ella vino no haces,
se arruga...,
se hace pasa...

Aprendiz de vida,
aprendiz de muerte,
carrera contrarreloj
hacia un destino...,
que no se elige...
que no se quiere...

Aprendiz de muerte,
maestro al fin...,
cuando de ti nada queda,
solo el recuerdo...
de lo que un día escribí...

Maestro de versos,
aprendiz de nada...
mi alma vagando...,
mis versos presentes
al otro lado...,
donde de nuevo...
la vida pasa...
y pasa...

ImAgInAtÍvAtE
Jesús David Cosano Cejudo

miércoles, 3 de junio de 2015

El Poeta que no sabía escribir... (Soneto)

Antaño habitaba un viejo Poeta,
con miles de historias queriendo contar,
a pueblos y aldeas haciendo llegar,
lindos poemas de su mente inquieta...


Pero ese viejo de oscura chaqueta
llevaba tristeza y un muy gran pesar,
porque esas historias no pudo plasmar
ni en una simple y sencilla libreta...


Y al viejo Poeta se recordará
por sabio, por bueno y por su buen hacer,
y su nombre en la historia perdurará...


Y el Poeta murió, solo, sin padecer,
dejando poemas que el mundo verá,
amando lo que más le gustaba hacer...


ImAgInAtÍvAtE


Jesús David Cosano Cejudo




domingo, 31 de mayo de 2015

Poema dedicado a mi mujer el día de su cumpleaños...


¡¡Felicidades!!
————————————————————————

Ya llegó otro día, como si no tuviera espera,
en el que esa cara tan bonita cumple otra primavera,
por eso brilla tanto este sol que nos acecha,
por eso las nubes ni salir se plantean.

Y es que cada año, vida, tu eres más bonita,
y es que cada año, eres la estrella que más brilla,
porque estrellas como tú , pocas,
porque tu eres tan así, tan distinta y tan sencilla.

Y un humilde servidor, tu compañero de por vida,
quiere hacerte un buen regalo, para que sonrías,
y como un diamante no puedo, te regalo una poesía,
y que sepas que te quiero más aún que el primer día.

Así que disfruta este día con esmero,
con familia, tus hijos, y el que escribe esto
y llena de melancolía tu corazón tan perfecto,
que yo te ayudaré con el mío, por supuesto.

Y que sepas que aunque muchos cumplas más,
quiero cumplirlos contigo, y aunque tengas que aguantar
mis continuos desvaríos, que sepas que es por cambiar,
por tener un mundo mejor contigo...

ImAgInAtÍvAtE
Jesús David Cosano Cejudo



domingo, 10 de mayo de 2015

La última función

Todo estaba preparado para la última función del día. En la pequeña caravana aparcada en el lateral exterior de la carpa  que resguardaba de la lluvia a los animales, Sofía terminaba de maquillarse para su número de escapismo. Debía ser espectacular. Salir de una urna de cristal llena de agua con su cuerpo encadenado en no más de tres minutos, que era lo máximo que podía aguantar sin respiración después de muchos años preparándose para tal espectáculo. La última vez que lo realizó fue un éxito rotundo, en el pequeño pueblo de Morieland. Y deseaba que ese momento se repitiera otra vez... 

En la carpa principal, su compañero de función y  pareja sentimental, Frédéric, ultimaba los últimos detalles de la urna, repasando al milímetro toda la estructura y los sistemas de seguridad junto a Román, el joven y apuesto domador de leones, contratado no hacía más de seis meses por la dirección del circo. Todo parecía estar perfecto, así que era hora de tomar un pequeño tentempié y descansar un poco antes de la gran tarde. 

—¿Preparada cariño? 
—Si Frédéric, pero ando un poco preocupada. 
—¿Por qué? 
—Por ti. Hace semanas que no eres el mismo, estás distante, ausente, no te noto tan cerca como antes. 
—No te preocupes Sofía, llevamos dos meses que no paramos, de pueblo en pueblo, sin apenas descansar, y seguramente tal estrés me empuje a actuar así contigo. 

Sofía se acercó a besar a Frédéric, pero todo se quedó en un simple roce en la mejilla. 

—Debemos descansar Sofía, pronto estaremos de nuevo en la pista. 
—Si. Será lo mejor. 

Frédéric despertó nervioso, más nervioso de lo normal. Se vistió rápidamente y se calzó las botas de goma altas para no manchar su traje camino a la carpa principal debido al barrizal formado por la fuerte lluvia caída horas antes. Ya estaban todos allí. Trapecistas, payasos, enanos, el domador, todos menos Sofía. 

—¿Habéis visto a Sofía? 
—No Frédéric, llevamos un buen rato aquí y no la hemos visto. 

Salió apresuradamente hacia el exterior, justo en el momento en que entraba Sofía, con un pequeño paraguas rojo y muy hermosa, tan hermosa que jamás la recordaba así. Pero solo eso, una mujer guapa, nada más. Todo lo demás había desaparecido... 

—¿Donde te habías metido? 
—Estaba en la caravana de Elsa, la directora, que tenía la mujer ilusión de que hoy estuviera especialmente hermosa, no sé qué mosca le habrá picado. 
—Y lo ha conseguido, estás muy guapa. 
—Gracias Frédéric. 
—De nada Sofía..

El espectáculo discurre con normalidad. Payasos y enanos habían hecho las delicias de los más pequeños, y los animales habían actuado de maravilla, y ya descansaban y comían en su acogedora carpa. Solo quedaba la última actuación, la más esperada... 

Frédéric y Sofía aparecieron por el gran arco del circo cogidos de la mano, tan sonrientes y amables como de costumbre, saludando a todos y cada uno de los espectadores que esa tarde abarrotaron las gradas del circo. En el centro esperaba la urna llena de agua. Una urna de cristal reforzado que podía contener perfectamente unos mil litros de agua. Frédéric despojó a Sofía de su capa, que dejó ver su perfecto cuerpo, un cuerpo muy logrado gracias a tantas y tantas sesiones de pesas y gimnasio para mantener la línea y una dieta digna de los mejores deportistas. Esa tarde lucía un bañador azul con bordados en dorado, al igual que el pantalón de su compañero Frédéric, sino que éste llevaba una camisa negra muy ajustada, tan ceñida que le abultaba los pectorales de una manera exagerada, pero eso a él le gustaba, era bastante presumido. 

Hizo un pequeño gesto con la mano y Ginés, el trapecista, cambiado ya con otra vestimenta para la ocasión, se acercó cargando en sus manos un montón de cadenas y candados, todos plateados, que fueron apresando a Sofía poco a poco, hasta que apenas lograba verse nada de su maravilloso cuerpo, solo un amasijo de hierro y su preciosa cabeza, igual de sonriente que comenzó el espectáculo. 

La grúa enganchó a Sofía, ayudada por Frédéric, y la subió hasta justo encima de la urna. Su compañero, segundos antes, le había dado las instrucciones precisas para escapar de tanta cadena, y, sin que nadie se diera cuenta, como hacen los magos, le había dado en su mano derecha atrapada por una enorme cadena, la llave que abre el primer candado, el que hace que el truco discurra con normalidad, puesto que los demás estaban distribuidos estratégicamente para poder librarse de ellos sin necesidad de abrir ninguno más.

Al dar la señal de preparada, la grúa dejó caer a Sofía bruscamente a la urna de cristal, salpicando unos cuantos litros fuera de la misma al impacto. Cuando se recobró de la caída, a través del cristal se podía ver su cara igual de simpática y atractiva mientras empezó a forcejear con aquellas pesadas cadenas. Frédéric estaba nervioso, algo le inquietaba, y empezó a sentirse mal, pero aguantó el tipo como buen ilusionista que era. Sofía llevaba más de un minuto y aún no se había librado de ningún candado, su cabeza giraba a un lado y a otro, como buscando algo, pero cuando volvía a mirar al frente seguía sonriendo, así que nada podía ir mal. Román, el domador, se acercó a Frédéric…

—No creo que sea normal tanto tiempo para el primer candado…
—No te preocupes, Román, seguro que está nerviosa y no atina a introducir la llave.
—Treinta segundos más y aviso de nuevo a la grúa para que la saque.
—Haces eso y tus días estarán contados aquí, te lo aseguro.

Román quedó de piedra. No se esperaba esa contestación para nada, y mucho menos de Frédéric, con el que había tenido estos meses muy buena amistad, menos desde hacía unas semanas, que estaba más distante de lo normal, pero no le había dado importancia.

Sofía estaba nerviosa. Había pasado un minuto y medio y algo pasaba. Y al mirar de nuevo al frente, su rostro había cambiado. En sus labios solo se leía la palabra “ayuda”. Román, sin pensarlo, y sin hacer caso a lo que Frédéric le había dicho hacía unos segundos, salió corriendo mientras Sofía no paraba de agitarse dentro de la enorme urna de agua, intentando sin éxito liberarse aunque sea de una maldita cadena.

Román volvió casi sin aliento al lugar donde Frédéric observaba a su compañera de profesión y vida como se ahogaba luchando por poder liberarse de aquella pesada carga que él mismo le había colocado.

—¡Frédéric por Dios!, ¡haz el favor de reaccionar de una puta vez!, ¡La grúa no funciona!, no sé que demonios le ha pasado pero el técnico está intentando arrancarla y no lo consigue… ¡No nos queda tiempo Santo Dios!
—No podemos hacer nada. Sofía se va…, lo sé…, es imposible. La urna no se puede romper debido al cristal con el que se fabricó, y la altura a la que está colocada hace imposible su acceso sin una grúa…

Román empezó a llorar, los espectadores comenzaron a gritar presas del pánico, de la angustia de aquella escena, de ver como aquella pobre artista, tan joven y hermosa, iba soltando sus últimos espasmos, cada vez más lentos, mientras su mirada se clavaba en el hombre que había acabado con su vida. Ella lo sabía y se dejó llevar… La llave que le había pasado no era la de aquel primer candado, lo supo desde el primer momento que intentó abrirlo, y sin embargo siguió intentándolo… Su vida se apagaba, mientras Frédéric, maldito Frédéric, esbozaba una tímida sonrisilla mientras Román, a su lado, estaba de rodillas en el suelo, sin fuerzas, llorando por ella, por no haber podido hacer nada por salvarla…

Todo se acabó. Sofía seguía en el fondo de la urna, con sus ojos abiertos, pero su vida perdida. Mientras la policía desalojaba el recinto organizadamente y el cuerpo de bomberos intentaba acceder al interior de la urna para sacar el cuerpo sin vida de la joven, Román se acercó a Fréderic de nuevo…

—Que llave le diste, maldito hijo de puta…
—No lo sé Román, debí equivocarme…
—Es imposible Frédéric, he visto como tienes todo organizado y no me cuadra nada, la verdad, creo que voy a ir a hablar con la policía…
—Muy bien Román, me parece perfecto… Yo iré a contarle a tu mujer y a tu pequeña los buenos ratos que echabas tirándote a Sofía, maldito domador de mierda…
—Lo sabías…
—Desde el primer momento. Pero ya se acabó Román, tendrás que buscar otra gatita a la que domar…

Román abandonó el circo al día siguiente, sin dar explicaciones, y Frédéric, cada día, iba a la caravana de Elsa, para tomar una botella de vino, regocijarse con su cuerpo, y recordar cómo fue aquella noche, cómo él cambió la llave del maldito candado, y como ella fue capaz de arrancar los cables de la batería a la dichosa grúa...

ImAgInAtÍvAtE 
Jesús David Cosano Cejudo


jueves, 23 de abril de 2015

Pequeño aprendiz de poeta

Publicado en Google Play Libros mi primer trabajo para los más peques de la casa. Un libro con poesía para colorear en el que los más peques se divertirán leyendo y dibujando...

https://play.google.com/store/books/details?id=1NxzCAAAQBAJ

sábado, 28 de marzo de 2015

Historias de medianoche...2

Desperté de aquella pesadilla icómoda. Desperté sudorosa, temblorosa, y con un extraño frío que recorría cada milímetro de mi piel. Bajé de la cama con una sensación incómoda, una sensación que nunca antes había experimentado. Ese sueño fue horrible. Llegué a tientas al cuarto de baño, con la cabeza gacha temiendo que hubiera sido verdad, que no hubiera sido producto de mi imaginación. Me lavé la cara con agua fría, tan fría que mi cuerpo dio un espasmo de contracción al sentirla en mi rostro. Sin levantar la mirada del lavabo me giré, rápidamente hacia la puerta, pero algo en mi interior me decía que tenía que mirar, que tenía que asegurarme de que aquello no había sido real. Me paré justo debajo del marco de la puerta, armé todo mi cuerpo de valor, me giré muy despacio... y allí estaba yo, mirándome desde el espejo, con los ojos en blanco, y una pequeña sonrisa que no auguraba nada bueno...

miércoles, 25 de marzo de 2015

Historias de medianoche...3

El Reverendo Dayclyff se vistió con el atuendo apropiado para estas ocasiones. No es que este en concreto fuese un caso especial, pero su cabeza le decía que este día usase la Biblia más antigua, la que guardaba en el cajón con llave del armario de la Sacristía. En el bolsillo interior de su sotana había guardado el crucifijo de oro que hacía varios años le regaló el arzobispo Wellman, con el que tan buenos resultados había obtenido en este tipo de exorcismos. Fuera, el tiempo era de perros, propio de un día de Diciembre aquí en las montañas. Cogió su sombrero marrón que colgaba del perchero de la entrada y empezó a caminar cuesta abajo, no sin antes comprobar la cerradura tres veces. Pura costumbre... o, tal vez, superstición.

—¡Buenos días Reverendo!, ¡qué alegría verlo por aquí!, la situación está descontrolada Padre, ya no tengo ni ganas ni fuerzas suficientes para seguir adelante. Ni rezos, ni imágenes religiosas, ni salpicaduras con agua bendita... nada funciona ya...

El Reverendo se quitó el sombrero y el abrigo, que la mujer le recogió y lo dejó caer en una silla cercana a la escalera que daba acceso al piso superior de aquella pequeña vivienda.

—¿Donde se encuentra?
—En su cuarto Padre, subiendo las escaleras, la primera puerta a la derecha.
—Está bien, quédese tranquila, yo me ocuparé de él, usted solo reze...
—Tenga cuidado Padre, —le advirtió la mujer, observando como el reverendo subía peldaño a peldaño aquellas escaleras, con determinación y paso ligero, mientras iba sacando de su bolsillo el crucifijo de oro...

Estaba sentado en la cama, de espaldas a la puerta. Alzando el crucifijo a unos tres metros del joven, el Reverendo inició lo que sería su último exorcismo...

—¡Maldito Demonio!, ¡por fin llegó tu hora!, ¡tu hora de volver a los infiernos!

Aquella figura no se inmutó. Permaneció quieto, inamovible, sin ni tan siquiera pestañera.

—¡En el nombre de Dios!, ¡te ordeno que te des la vuelta!, ¡mírame a los ojos, en el nombre de Jesucristo!

Al cabo de unos segundos, el joven hizo un leve movimiento de cabeza, llegando a mirar por el rabillo del ojo al Reverendo, que sintión un pequeño escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Empezó a sentirse incómodo. Normalmente, y tenía bastante experiencia en este tipo de casos, la persona poseída tendía a hacer caso a sus plegarias y oraciones. En esta ocasión algo estaba pasando, aquello no era para nada normal.

Como en un golpe de locura, el chico se giró de un salto y se colocó de rodillas en la cama, justo enfrente del reverendo, a un par de metros, abrió la boca y soltó un grito desgarrador, haciendo que el Reverendo Dayclyff se llevase las manos a los oídos, para intentar amortiguar aquel desagradable tono de voz, al tiempo que la puerta del cuarto se cerró de golpe, y se escuchó como un pequeño giro de pomo, como si la cerradura se hubiese atascado...

—¡Qué Demonios...!, —insinuó mientras intentaba girar el pomo sin conseguirlo, pensando que clase de fuerza maligna llevaría ese chico dentro de su cuerpo.

Cuando Dayclyff se percató del rostro del joven, dejando a un lado el episodio de la maldita puerta, su mirada se clavó en la de aquel muchacho tan extraño. ¡Dios mío!, sus ojos... Los tenía completamente blancos, sin mirada, y de su boca salía un pequeño hilo de sangre que bajaba por la barbilla hasta llegar debajo de su pecho, y su cuerpo estaba completamente cubierto de moratones, quien sabe lo que aquella maldita criatura estaba haciendo con su cuerpo. Aquella escena lo dejó descolocado, olvidándose de rezos, Biblias y crucifijos, pensando solo que aquel era el Demonio más fuerte con el que jamás se había enfrentado...

Una vez recuperado de aquella visión, el Reverendo hizo intención de leer un pasaje de la Biblia, pero antes incluso de abrirla, la criatura endemoniada empezó a gatear por la cama hacia la figura indefensa del Padre Dayclyff, que cayó al suelo inmediatamente, empujado por aquella fuerza descomunal. En el suelo, con la cabeza dolorida, y la biblia bastante lejos como para poder alcanzarla, intentó de nuevo dirigirse a su enemigo...

—¡Para Satanás!, ¡en el nombre de Dios!, ¡te ordeno que...!

Antes de terminar la frase, el joven poseído se agachó a coger la Biblia, que rompía hoja por hoja con una sonrisa diabólica, triunfal, como si esta vez el Demonio hubiera ganado la batalla. Se giró muy despacio, mirando al Reverendo sentado en el suelo por encima del hombro, sin perder aquella sonrisa terrorífica. Abrió un cajón de su mesilla, y sacó un pequeño cuchillo, al que le iba tocando la hoja mientras se acercaba de nuevo a ese pobre hombre rezando con los ojos cerrados y apretando fuertemente el crucifijo... La primera sintió como se hundía en su abdomen, y la segunda..., y la tercera. Abrió los ojos y miró de nuevo aquellos ojos blancos, esta vez rodeados de un rojo furia, de un rojo infierno...

—¿Quien demonios eres? —dijo entre balbuceos y gárgaras de sangre.
—Soy Mike O`Hanna, reverendo, encantado de volver a verle...
—¡Maldito hijo de puta! —fue lo último que dijo el reverendo mientras aquel filo plateado manchado de sangre se hundía en su corazón...

—Puedes entrar mamá

La puerta se abrió, y aquella madre desesperada por su hijo endemoniado le sonrió y le abrazó, entre risas apagadas, pero orgullosos de lo que estaban haciendo.

—Cariño, ha salido todo perfecto.
—Si mamá, ya sabes, tenemos un secreto. Voy a quitarme las lentes que no las aguanto más, ahora nos deshacemos del cuerpo y limpiamos todo rastro de sangre.
—Perfecto MIke, por lo menos este hijo de puta no será capaz de violar a ningún chico indefenso nunca más.
—No mamá, ojalá se pudra en el Infierno...

ImAgInAtÍvAtE
Jesús David Cosano Cejudo

jueves, 19 de marzo de 2015

Condena

Te siento tan cerca, y a la vez... tan lejos, que quisiera tocarte, besarte, sentirte, pero lo único que siento es que no puedo, me cuesta tanto... Te miro, distante..., pero tan cerca... y tu..., a veces me miras, una pena que no te des cuenta, que estoy ahí, impasible... mirándote... Te quiero tanto vida..., tanto..., que ahora me ahoga la pena, la pena de seguir amándote, y saber que amarte tanto..., tanto vida..., será para mi una auténtica condena. Sé feliz amor, como sé que una vez lo fuiste... conmigo...lo sé. Sé que aún lo recuerdas, que aún guardas en un pequeño cajón aquella foto de aquella primavera, de aquella bonita primavera... nuestra primavera..., en la que te pedí que para toda la vida te unieras..., te unieras a mi, princesa... Que tonto, que tonto fui..., lo recuerdo casi con la misma intensidad que lo viví. Ya es tarde vida, sé feliz, sin mi pero conmigo, porque yo estaré siempre aquí..., contigo..., aunque me duela, aunque tu corazón palpite de nuevo por otro amor, aunque tus boca bese a otra con la intensidad que antes besaba la mía, aunque tus manos acaricien otro cuerpo..., otro rostro..., ahí estaré vida, aunque ese sea el precio que tenga que pagar, aunque esa sea mi condena para el resto de mi existencia, mi condena..., Dios..., solo tenía que haberme colocado ese maldito cinturón, solo eso...

miércoles, 18 de marzo de 2015

Historias de medianoche...1

Desperté en el sofá del profundo sueño en el que había entrado hacía por lo menos un par de horas. Mi cuerpo cayó fulminado después de un día duro de trabajo en la oficina. La televisión seguía encendida, y su pantalla emitía a un tal Michael Stuntman que nos ofrecía un fantástico pelador de patatas, que la verdad, tenía muy buena pinta, por lo menos en el anuncio. En el reloj las agujas marcaban casi la una de la madrugada, hora más que prudente para ir a la cama. En la mesa aún quedaba una porción de quiché de espinacas que habíamos cenado Ruth y yo. Ruth llevaba dormida horas, la pobre estaba muy cansada después de su día de cole y la tarde de juegos en el parque con su "yaya" Lucía. Alcancé el mando a distancia que estaba a no más de treinta centímetros de mí, pulsé el botón rojo y apagué la televisión. Dejé la mesa para recogerla al día siguiente, todo excepto la botella del refresco de cola, que lo llevé a la cocina para guardarlo en el refrigerador. Justo en el momento de apagar la luz de la cocina, escuché a Ruth reirse de una forma muy especial, muy a carcajada. —ya está soñando otra vez —pensé, a lo que a continuación le siguió una carrera por todo el piso superior que me dejó un poco descolocada. No es normal que a estas horas esté jugando, es una niña que cuando duerme es muy difícil que se despierte. De nuevo otra carrera, el ruido de los pasos se notaba perfectamente, a causa del suelo de parqué que instalamos el año pasado debido a la temperatura tan fría que teníamos en la casa durante todo el año, sobre todo en Invierno. De nuevo risas, esta vez mucho más fuertes. Me da por reírme a mi también.  —¿Que demonios estará inventando la niña esta?
Enciendo la luz de la escalera, y me acuerdo que no he cogido el vaso de agua para la mesilla. De nuevo risas, y de nuevo vuelvo a reírme. Empiezo a subir escaleras y la risa cesa. De inmediato. Todo vuelve a la normalidad, no se escuchan risas, ni pasos, que raro. La piel se me eriza un poco, debido seguramente a un cambio de temperatura, del camino del sofá a la cama. Me acerco al cuarto de Ruth, cerrado. Que raro, ella nunca cierra su puerta. Duerme plácidamente, como todas las noches, con su pequeña cabecita recostada sobre su lado izquierdo, mirando hacia la ventana. La piel se me eriza del todo, mi corazón empieza a palpitar, fuerte, muy fuerte. Me acerco a besar a Ruth y antes de llegar siquiera a bajarle un poco la sábana, risas, carcajadas, y de nuevo pasos, carreras, esta vez en el piso de abajo. Ahora sí, estoy asustada, asustada de verdad, y en lo único que pienso es en meterme en la cama con Ruth. Lo hago y me tapo con la colcha de Peppa Pig toda la cabeza, cosa que no consigue amortiguar el sonido de aquella risa que cada vez se hace más fuerte, más seguida, más.... terrorífica. Es como si el corazón se me saliese por la boca. Me destapo un poco la cara, no por que quisiera, sino porque mi propio aliento me estaba haciendo muy difícil la respiración. En ese momento se enciende la luz del pasillo. Pánico en estado puro, risa que no cesa, y en ese momento, un leve chirrido de puerta que se abre muy muy despacio. Vuelvo a notar mi propio aliento caliente debido a la intensidad con la que estoy respirando. Cesa la risa, cesan los pasos, y una voz dulce y delicada, una voz como la de Ruth, me habla, sollozando, —Mamá, jolín, tenía que ser yo quien encontrara a Bruno. Bajé la colcha y miré a la puerta, y allí estaba Ruth, inamovible, mirándome, y yo en estado de shock, preguntándome quien será la persona a quien estoy abrazando en este momento.

martes, 17 de marzo de 2015

Concurso de microcuentos Cadena Ser

http://escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser/

Os dejo este enlace al concurso que desarrolla Cadena Ser cada temporada y que está dotado de un premio de 6000 euros al ganador.  Consiste en relatos en cadena,  el relato ganador de cada semana es el que da la frase de comienzo de la semana siguiente, y hay un ganador mensual, y entre los ganadores mensuales se elige al ganador anual. Es muy interesante aunque el nivel, como podéis imaginar,  es muy alto.  En el enlace tenéis tanto las bases, como la frase para empezar esta semana. 

Ánimo y mucha suerte!!!

Guillermo

Guillermo era un niño como cualquier niño de su edad. Era un niño travieso, cabezota, a la vez que cariñoso y atento. Era un niño como todos, al que le gustaba el fútbol, con lo que hacía de entrenador de su equipo, y al que le gustaba el atletismo, casi tanto como a su amiga María, que lo acompañaba siempre en sus entrenamientos.

Hoy el profe les ha dado una lección sobre los oficios, sobre a lo que podrían aspirar en un futuro, lo cual le dio a Guillermo mucho para pensar y, sobre todo, imaginar.

Imaginó querer ser tantas cosas que ya no sabía que era lo que quería ser, y al llegar a casa, acompañado por su primo Raúl como todos los días, le propuso su imaginación a quienes allí se encontraban.

—Papá, de mayor quiero ser bombero. Lo he imaginado y me gustaría.
—Hijo, tesoro, hace falta mucha fuerza, mucho entrenamiento y superar una difícil oposición. Es muy duro, Guille, bastante duro.

Guillermo pensó que tal vez su padre tenía razón, y fue a buscar a su hermana, que escuchaba un CD de Metallica en su habitación de paredes violeta.

—Silvia, de mayor quiero ser médico. Lo he imaginado y me gustaría.
—¡Ufff! Guille, eso debe ser muy desagradable, hay mucha sangre y tienen momentos muy duros, sobre todo cuando pierden a alguien intentando salvar su vida.

Guillermo pensó que tal vez su hermana tenía razón, y fue a buscar a su madre, que preparaba un bizcocho en la cocina.

—Mamá, de mayor quiero ser astronauta. Lo he imaginado y me gustaría.
—Hijo, mi vida, muy poca gente hay preparada para eso, son personas especiales muy bien preparadas, y llegar ahí es duro, sacrificado y muy costoso.

Guillermo pensó que tal vez su madre tenía razón, y sin nadie más a quien acudir, volvió a coger su bastón blanco, empezó a tantear los escalones hacia su cuarto, y con su mano izquierda apoyada sobre la barandilla, llegó arriba, se tumbó en la cama, y siguió imaginando que es lo que podría ser de mayor.

Mientras, abajo, su padre, su madre y su hermana, lloraban abrazados desconsoladamente...

ImAgInAtÍvAtE

Jesús David Cosano.

lunes, 16 de marzo de 2015

Concursos de Fotografía

Concursos de Fotografía - 1arte.com
Os dejo un enlace con varios de los concursos de fotografía para este año, en los cuales normalmente puede participar cualquier persona. Animaros y participar, no perdéis nada!!! Saludos!
ImAgInAtÍvAtE nace como un grupo de Facebook, en el que gente con una gran imaginación da a conocerla a través de sus proyectos y trabajos, gente apasionada de la cultura en general, gente a la cual apasiona la fotografía, el arte, el cine, la música, las manualidades, y un largo etcétera de derivados de la cultura. Este blog y nuestro grupo de Facebook aprovecha los recursos tecnológicos actuales que nos ofrece Internet, para así poder llegar a un gran número de personas imaginativas, para que otros puedan disfrutar y compartir todo ese derroche de imaginación. No lo dudes e interactúa con nosotros, búscanos en Facebook como Imaginatívate, o bien manda tus trabajos a imaginativate@gmail.com.

Gracias por formar parte de nuestra comunidad de Imaginación!!!